Otro propósito saludable para
este año nuevo es el retomar este blog. Es un blog que antes fue otro blog y
que, en su evolución, se obligó a cerrar uno para abrir otro, ya que no se
reconocía en lo que había sido con anterioridad. En palabras del psicólogo Luis
de Rivera (e imagino que en su propia definición), una crisis significa un
cambio de tal impacto que la continuidad no es posible en la misma manera, es
un cambio que convierte momentáneamente una línea continua en una discontinua
para continuar de otro modo.
Sobra decir que las crisis no son
acontecimientos excepcionales, se dan en todos los ámbitos (políticos,
económicos; crisis sanitaria, como la de la Covid19), y luego, a nivel micro,
las crisis emocionales, de fe, existenciales, de salud, etc. Incida sobre lo
que incida, la crisis trae en sí misma una transformación, lo cual no significa
que sea una transformación a mejor, simplemente el modo de existencia previo ya
no es posible, y emerge otra cosa. La crisis del pasado año, que además ha
atravesado todos los ámbitos antes mencionados y seguramente muchos más en el
ámbito privado de cada una de nosotras, y que se sostiene aún en este año que
nace, desembocará irremediablemente en otras cosas, ya que el impacto ha sido
demoledor. Todas estamos claramente angustiadas con el cómo serán estas cosas
nuevas que sin duda habrán de llegar, pero para conocer ese futuro primero
debemos atravesar la crisis, porque será en ella y en el modo de gestionarla,
cómo se conformará la nueva realidad, la línea que continúa tras la
discontinuidad.
Gestionar las crisis. Si fuésemos
capaces de entender cuán importante es esto, y me estoy refiriendo a las crisis
personales, que no son cambios sin más, ya que estos últimos en esta sociedad tan
¿líquida, diría Bauman? los tenemos más que incorporados: lo temporal, lo
inestable, lo cambiante, lo que tiene fecha de caducidad. No, la crisis es un
cambio que no permite esa incorporación automática, requiere de una gestión, o tal vez sean los propios automatismos los que nos enferman. El
problema seguramente sea que mientras dura la crisis no sepamos que es algo tan
drástico como una crisis y entonces no ponemos todo el empeño en su gestión.
Después de esa mala gestión puede llegar cualquier cosa: distópica, insalubre, disfuncional.
Mi blog entró en crisis. Ahora es
otro blog. Yo he sufrido varias crisis en mi vida, algunas ni las sé
identificar; las que identifico suelo agradecerlas, quiero decir que mi
evolución posterior seguramente la valore positivamente y las que no sé identificar
estoy segura de que son aquellas que han conformado mis miedos, mis ansiedades.
Es muy importante para poder gestionar, poder focalizar, si no aprendemos a
poner el foco en las cosas importantes a voluntad seremos eternos errantes a
merced de la distracción que nos quieran (queramos) colocar delante.
En los últimos años me preguntaba
mucho acerca de mi actividad de pensamiento, su velocidad, y su permanencia.
Me costaba bastante más mantener la atención, colocar sobre lo que yo eligiera, a voluntad, el foco, que no es más que iluminar la parte del mundo que nos interesa.
Pero nuestra sociedad no está pensada, sino todo lo contrario, para la
concentración y el análisis porque eso lleva a la toma de conciencia, al
conocimiento. Y lo que interesa es la información, a ser posible en grandes
cantidades y a gran velocidad, como los timelines de nuestras redes sociales,
un “mostrar esto, pero también esto, y esto también”. Acostumbradas a esta
deformidad del mundo, nuestras mentes se van haciendo perezosas, no mantienen
la concentración y además no se ven en la necesidad de emprender la búsqueda
entre la información veraz de la que no lo es, ambas entretienen.
Ante mi preocupación acerca de por qué no
podía leer durante horas y horas como hacía hace varios años, por qué no
escuchaba en profundidad las conversaciones y me des-pistaba ante otros
estímulos, he llegado a nombrar a mi mente con una expresión que proviene del
mindfulness: mente de mono. También podríamos decir que estamos delante de una
mente ansiosa pero sin voluntad, al no tener voluntad, no sabemos distinguir. Es
importante analizar y discernir lo conveniente de aquello que no lo es. Es el
secreto de la vida. Soy una alienada, si me dejo llevar, si no analizo, si no
focalizo, si no profundizo. Porque todo el sistema me va a ir narrando en
discursos engañoso por dónde discurrir, en formato píldora, digital, rápido,
eficaz.
Los sistemas pueden ser engañosos,
porque plantean una lógica impecable a simple vista, pero no es más que un
truco de ilusionismo que cobrando la conciencia adecuada, lo podemos cuestionar
y lo DES-velamos. Así con muchos sistemas, ¿verdad? Todos tienen un propósito,
para ello despliegan sus discursos en una ingeniería perfecta, pero no todos
los propósitos son sanos, pueden obedecer a un interés que no tiene porqué ser el
nuestro. Y desde luego puede estar bastante viciado y haber ido desviándose de
manera perniciosa de lo natural. Podríamos decir que lo mismo sucede con
nuestros pensamientos, para nuestra mente todos ellos son información, desde
aquel que nos cuenta que somos la persona más inteligente que existe sobre la
faz de la tierra hasta aquel que nos dice que hemos nacido para fracasar; ambos
pueden ser falsos, para el cerebro ambos son ciertos. Aquí podemos apreciar lo
importante que es al menos tomar conciencia de los pensamientos (mensajes,
lemas, anuncios) tóxicos que recibimos y mostramos a nuestro cerebro. Si
tomamos conciencia plena, gestionamos mejor, estaremos más lúcidos frente a
nuestras crisis.
¿Invertimos el 2021 en tomar
conciencia?: social, de clase, feminista, plena (mindfulness), a mí me parece
una buena palanca para analizar, y desde ahí, modificar. No sé cómo lo veis.

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