domingo, 3 de enero de 2021

¿Qué te apetece tomar? Conciencia

 

Otro propósito saludable para este año nuevo es el retomar este blog. Es un blog que antes fue otro blog y que, en su evolución, se obligó a cerrar uno para abrir otro, ya que no se reconocía en lo que había sido con anterioridad. En palabras del psicólogo Luis de Rivera (e imagino que en su propia definición), una crisis significa un cambio de tal impacto que la continuidad no es posible en la misma manera, es un cambio que convierte momentáneamente una línea continua en una discontinua para continuar de otro modo.

Sobra decir que las crisis no son acontecimientos excepcionales, se dan en todos los ámbitos (políticos, económicos; crisis sanitaria, como la de la Covid19), y luego, a nivel micro, las crisis emocionales, de fe, existenciales, de salud, etc. Incida sobre lo que incida, la crisis trae en sí misma una transformación, lo cual no significa que sea una transformación a mejor, simplemente el modo de existencia previo ya no es posible, y emerge otra cosa. La crisis del pasado año, que además ha atravesado todos los ámbitos antes mencionados y seguramente muchos más en el ámbito privado de cada una de nosotras, y que se sostiene aún en este año que nace, desembocará irremediablemente en otras cosas, ya que el impacto ha sido demoledor. Todas estamos claramente angustiadas con el cómo serán estas cosas nuevas que sin duda habrán de llegar, pero para conocer ese futuro primero debemos atravesar la crisis, porque será en ella y en el modo de gestionarla, cómo se conformará la nueva realidad, la línea que continúa tras la discontinuidad.

Gestionar las crisis. Si fuésemos capaces de entender cuán importante es esto, y me estoy refiriendo a las crisis personales, que no son cambios sin más, ya que estos últimos en esta sociedad tan ¿líquida, diría Bauman? los tenemos más que incorporados: lo temporal, lo inestable, lo cambiante, lo que tiene fecha de caducidad. No, la crisis es un cambio que no permite esa incorporación automática, requiere de una gestión, o tal vez sean los propios automatismos los que nos enferman. El problema seguramente sea que mientras dura la crisis no sepamos que es algo tan drástico como una crisis y entonces no ponemos todo el empeño en su gestión. Después de esa mala gestión puede llegar cualquier cosa: distópica, insalubre, disfuncional.

Mi blog entró en crisis. Ahora es otro blog. Yo he sufrido varias crisis en mi vida, algunas ni las sé identificar; las que identifico suelo agradecerlas, quiero decir que mi evolución posterior seguramente la valore positivamente y las que no sé identificar estoy segura de que son aquellas que han conformado mis miedos, mis ansiedades. Es muy importante para poder gestionar, poder focalizar, si no aprendemos a poner el foco en las cosas importantes a voluntad seremos eternos errantes a merced de la distracción que nos quieran (queramos) colocar delante.

En los últimos años me preguntaba mucho acerca de mi actividad de pensamiento, su velocidad, y su permanencia. Me costaba bastante más mantener la atención, colocar sobre lo que yo eligiera, a voluntad, el foco, que no es más que iluminar la parte del mundo que nos interesa. Pero nuestra sociedad no está pensada, sino todo lo contrario, para la concentración y el análisis porque eso lleva a la toma de conciencia, al conocimiento. Y lo que interesa es la información, a ser posible en grandes cantidades y a gran velocidad, como los timelines de nuestras redes sociales, un “mostrar esto, pero también esto, y esto también”. Acostumbradas a esta deformidad del mundo, nuestras mentes se van haciendo perezosas, no mantienen la concentración y además no se ven en la necesidad de emprender la búsqueda entre la información veraz de la que no lo es, ambas entretienen.

 Ante mi preocupación acerca de por qué no podía leer durante horas y horas como hacía hace varios años, por qué no escuchaba en profundidad las conversaciones y me des-pistaba ante otros estímulos, he llegado a nombrar a mi mente con una expresión que proviene del mindfulness: mente de mono. También podríamos decir que estamos delante de una mente ansiosa pero sin voluntad, al no tener voluntad, no sabemos distinguir. Es importante analizar y discernir lo conveniente de aquello que no lo es. Es el secreto de la vida. Soy una alienada, si me dejo llevar, si no analizo, si no focalizo, si no profundizo. Porque todo el sistema me va a ir narrando en discursos engañoso por dónde discurrir, en formato píldora, digital, rápido, eficaz.

Los sistemas pueden ser engañosos, porque plantean una lógica impecable a simple vista, pero no es más que un truco de ilusionismo que cobrando la conciencia adecuada, lo podemos cuestionar y lo DES-velamos. Así con muchos sistemas, ¿verdad? Todos tienen un propósito, para ello despliegan sus discursos en una ingeniería perfecta, pero no todos los propósitos son sanos, pueden obedecer a un interés que no tiene porqué ser el nuestro. Y desde luego puede estar bastante viciado y haber ido desviándose de manera perniciosa de lo natural. Podríamos decir que lo mismo sucede con nuestros pensamientos, para nuestra mente todos ellos son información, desde aquel que nos cuenta que somos la persona más inteligente que existe sobre la faz de la tierra hasta aquel que nos dice que hemos nacido para fracasar; ambos pueden ser falsos, para el cerebro ambos son ciertos. Aquí podemos apreciar lo importante que es al menos tomar conciencia de los pensamientos (mensajes, lemas, anuncios) tóxicos que recibimos y mostramos a nuestro cerebro. Si tomamos conciencia plena, gestionamos mejor, estaremos más lúcidos frente a nuestras crisis.

¿Invertimos el 2021 en tomar conciencia?: social, de clase, feminista, plena (mindfulness), a mí me parece una buena palanca para analizar, y desde ahí, modificar. No sé cómo lo veis.

 


 

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